CARRERA DE CASA: MUY DESILUSIONADO.

     25/3/19 - En el día de ayer se celebró la carrera de Bargas, la de casa, una competición longeva y apreciada en el pelotón ya que siempre se completan las inscripciones, dando igual la categoría de la misma, puesto que empezó siendo una carrera para escuelas cuando los chicos que iniciamos nuestra andadura en el mundo del ciclismo dábamos nuestras primeras pedaladas y que, con el paso del tiempo y el crecimiento de esos niños, ahora es categoría máster.

     El título de la entrada deja claro cuál es mi sentimiento después de haber finalizado la carrera. Una gran desilusión porque lo que empezó siendo una aventura-locura, fue cogiendo forma y color durante el desarrollo de la misma y que se desvaneció a muy poco de haber podido conseguir un triunfo muy importante para mí.

     Todo aquel que siendo ciclista, o deportista en general, y que sabe que en su pueblo o ciudad se va a celebrar una competición, no puede evitar hacerse una imagen mental de cómo le gustaría que se desarrollaran los acontecimientos, de cómo quiere plantear la carrera, de cuáles deben ser los momentos clave... Es decir, tiene en la cabeza una imagen previa, un guión que le gustaría llevar a cabo y con un final más o menos predeterminado. Pero las cosas cambian durante la celebración de esa competición y no siempre los guiones se pueden llevar a cabo.

     Mi guión para esta carrera, lo que yo tenía en la cabeza los días previos era lo siguiente: intentar rodar en cabeza del grupo, teniendo la carrera más o menos controlada, sin perderle la cara, ahorrar energía lo más posible, gastando en momentos puntuales para llegar "fresco" a un posible sprint, de más o menos corredores. Las dos carreras anteriores, con sendos terceros puestos al sprint, me hacían tener confianza en mí mismo en una llegada similar. Conocía la llegada perfectamente, tenía calculado dónde se podía iniciar el sprint, cómo había que entrar colocado en la última curva... Todo

Pero del dicho al hecho hay mucho trecho.

     Un poco pasadas las 10 de la mañana se da comiendo a la carrera desde el centro de la población. Un par de kilómetros neutralizados por las calles de Bargas y salida lanzada a las afueras de la misma, cuesta abajo y con aire lateral, así que desde el momento uno a comer cuneta.

     Los primeros kilómetros transcurren rapidísimos, como casi toda la mañana (más de 40 km/h de promedio), con muchos intentos de fuga. Poco a poco, al frente de la carrera y gracias al incesante goteo de ataques por parte de corredores de muchos equipos diferentes, logra cobrar una ventaja preocupante un grupo de unos 20 o 25 corredores en los que los bargueños no llevamos a nadie. Es la carrera de casa y no podemos dejar que se nos escape el carro tan pronto. Así que en el final de esa primera de las tres vueltas que componen el recorrido y en el inicio de la segunda, el PC Bargas se organiza al frente del pelotón con la intención de echar abajo la fuga y si de paso el pelotón se corta, mucho mejor. Lo primero lo conseguimos: fuga anulada. Lo segundo no.

Primer gasto de energía que no estaba en el guión.

     En ambas gráficas vemos al detalle este momento. Unos 6,5 km en los que, junto con dos compañeros, echamos la fuga abajo a una velocidad de 52 km/h, produciendo 327 W a una frecuencia cardiaca de 179.

     Los errores se pagan y el hecho de no haber metido a nadie del equipo en el corte hizo que tuviéramos que coger la responsabilidad del pelotón con el consiguiente esfuerzo y gasto de energía que eso conlleva.

     Ya estamos en la segunda vuelta. Puesto en alerta por este "contratiempo", no quería que se volviese a repetir la situación de que se fuese mucha gente por delante y no hubiera algún corredor del PC Bargas. Quizás teniendo esto en la cabeza empecé a correr de manera más ambiciosa (o nerviosa), dejándome ver más por delante, exponiéndome más al aire...

     Llegué a escaparme con otro corredor. Los dos solos. Pero hablé con él y le dije que no nos interesaba ir sólo dos, que hacía mucho aire en contra en el terreno más duro donde se encadenaban las subidas y que esa fuga estaba condenada al fracaso. Así que nos dejamos pillar por el gran grupo.

Segundo gasto de fuerzas extra.

     Pero acto seguido, sólo un par de kilómetros después, salen algunos corredores al ataque que estaban situados cerca de mí y decido salir a por ellos. Entro al relevo rápidamente y en poco se abre un hueco interesante.

     Hecho un vistazo a los compañeros de fuga. Somos 3, pero esta vez los dos que me acompañan pertenecen a equipos que han venido con mucha gente a la carrera. Así que me da por pensar que los compañeros de ellos, junto con los míos, pueden controlar la carrera por detrás y nosotros hacer camino por delante. Así que manos a la obra.

     Misma foto pero diferente tramo de carrera seleccionado. La fuga se inicia aproximadamente en el km 45, mitad de carrera, y supone, como no puede ser de otra manera, un gasto tremendo para todos sus componentes. En mi caso, en la hora y media que dura la aventura, promedio más de 38 km/h, con una producción de potencia media de 305 W a 181 pulsaciones por minuto. Mucha tela...

     Los tres componentes de la fuga no relevamos de la misma manera. No todos los relevos duran lo mismo ni tienen la misma intensidad. Mis compañeros de fuga van un poco más justos que yo, o eso me dicen, y su implicación es algo inferior. No se saltan ni un relevo, pero la calidad de los mismos no es igual.

     En la zona de repechos, que se afronta por segunda vez con una aire de cara tremendo y cada vez más intenso, se nos une otro corredor élite a nosotros. El pelotón se nos ha acercado bastante, a unos 15", pero no han llegado a cogernos.

     La incorporación de este corredor joven nos viene bien porque a parte de darle gas a la fuga, representa a otro equipo numeroso que por detrás, a partir de ahora, no va a trabajar para cogernos.

     Él y yo nos disputamos el segundo paso por la montaña, por el que paso primero.

Este gasto de energía tampoco estaba en el guión, pero ya que voy fugado, intento llevarme algo por lo que pueda pasar posteriormente. Total, ya me he saltado todos los planes al 100%.

     Llegamos al segundo paso por Bargas para iniciar la tercera y última vuelta cuando... ¡¡¡SORPRESA!!! En una zona con poca visibilidad, después de una curva y casi poniéndonos en peligro a los ciclistas, nos encontramos con el coche del juez de carrera detenido y diciéndonos que nos parásemos. Vamos tan rápido que bastante tenemos con esquivar el coche. No entendemos nada, la situación es extraña.

     A la salida del pueblo, en la recta de bajada, me giro a ver si viene el pelotón. Antes de entrar al pueblo la diferencia era de 45", por lo que al mirar atrás siempre les veíamos. Pero esta vez no. Hablo con mis compañeros de fuga y les digo que hay que parar, que el pelotón no viene y que nos pueden sancionar si no lo hacemos. Así que me paro el primero, ellos siguen un poco más pero al final se dan la vuelta. La Guardia Civil nos informa de que a causa de una caída, las dos ambulancias que cubren la carrera han tenido que abandonarla para trasladar a dos heridos a centros sanitarios, por lo que la carrera no puede continuar de ninguna de las maneras. Ánimos desde aquí a los implicados en el percance y mis deseos de una pronta recuperación.

     Aprovecho este "descanso" para evacuar peso líquido extra y comer, intentando recuperarme de lo que llevamos encima y de lo que todavía nos queda, ya que está claro que esta va a ser nuestra baza de hacer algo importante en esta carrera y que hay que darlo todo para que llegue a buen puerto.

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     Nos juntamos con el pelotón que llega neutralizado y esperamos pacientes a que lleguen las ambulancias. Una vez reincorporadas, los jueces nos dan la salida a los 4 fugados con la misma ventaja que llevábamos antes del corte.

     Rápidamente nos volvemos a poner el mono de trabajo y colaboramos, entrando a los relevos fuerte para seguir consolidando esta fuga. Estamos en el inicio de la tercera vuelta. En un principio reconozco que no tenía muchas esperanzas en que nos pudiésemos jugar la victoria entre nosotros, pero poco a poco y viendo que las diferencias con el pelotón no se reducen significativamente, empiezo a soñar con que puedo llegar a disputar la carrera de mi pueblo y, como me encuentro bien, tener serias opciones.

     Los kilómetros van pasando y cuando faltan unos 15 para la meta, dos de los compañeros de fuga empiezan a saltarse relevos. Dicen que no van bien, que no pueden pasar. Esto provoca nervios, inconformismos, ataques, palabras, dudas... Se suma que el aire sigue soplando con fuerza y que accedemos a la parte final del circuito donde más en contra pega. Tanto el corredor que se incorporó más tarde como yo cogemos la responsabilidad de los relevos y tratamos de mantener la ventaja y llegar a meta. Pero no es fácil. Las fuerzas empiezan a flaquear, las dudas a aparecer en los 4 fugados porque dos van a rueda pero no dan síntomas de quedarse, el pelotón se está acercando y la línea de meta cada vez está más próxima.

     Hay algún ataque entre nosotros por parte del corredor más joven que trato de atajar rápido para tener siempre la opción de la victoria en la mano. Pero el lastre que supone que los otros dos corredores se nieguen a colaborar pesa mucho y el pelotón nos come la ventaja a pasos agigantados. Faltan muy pocos kilómetros y me noto que no llevo el gas suficiente para intentar arrancar desde lejos en busca de la victoria. Trato de ceder la responsabilidad a los otros corredores para que me lleven, pero no hacemos camino y el pelotón ya está aquí.

     Se hacen con nosotros en la última curva, a menos de 500 m de la línea de meta. Intento ponerme a rueda de los primeros que me adelantan, pero para mí ya no son ciclistas, son obuses que vienen a una velocidad endiablada. Me pongo de pie para iniciar el sprint y en cuatro pedaladas mis piernas dicen: "Basta, siéntate y llega a meta tranquilo. No podemos dar más."

     Con un disgusto y una desilusión tremenda atravieso la línea de meta pasando desapercibido entre el gran grupo. Son momentos duros porque todo ese público que hay a los lados me conoce, me ha visto fugado durante media carrera, dando la cara y con serias opciones de triunfo. Pero no ha podido ser. Este año no.

     Los datos que recoge mi Garmin (puedes ver todos los detalles del mismo pinchando en el enlace) hablan de una carrera dura, con pocos momentos de recuperación (sólo 36 W de diferencia entre Potencia Media y Potencia Normalizada y una frecuencia cardiaca media bastante elevada). Estoy contento con mi rendimiento, no así con el resultado. Pero así son las carreras. Piensas en una cosa y el desarrollo puede ser justo lo contrario.

     

Para los más curiosos:

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Mario

Un apasionado del deporte que ha dedicado toda su vida al ciclismo. Ahora quiero compartir mi experiencia y mis conocimientos para ayudarte a mejorar tu calidad de vida y conseguir los objetivos deportivos que te propongas.

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