Copa de España Cuenca: fuerte caída

     16/5/19 - Este vídeo de mi entrada en meta, dolorido y enfadado a partes iguales, con mi mujer corriendo a mi lado (¡¡muchísimas gracias por todo!!), resume lo que fue mi participación en la quinta prueba de la Copa de España Máster en Cuenca.

     Pero vamos desde el inicio porque la carrera no tiene nada que ver con el desenlace de la misma.

     A las 11:00 h del sábado 11/05 daba comienzo para unos 150 corredores la prueba que transcurría en gran parte por la preciosa Serranía de Cuenca y que en sus poco más de 100 km acumulaba unos 1150 m de desnivel gracias a la ascensión de 3 puertos puntuables de diferente categoría y al terreno ondulado, con continuos subes y bajas.

     Con una temperatura perfecta de 20º en la salida, los corredores partimos neutralizados hacia el inicio oficial de la prueba una vez en el exterior de la ciudad, evitando con ello los peligros que puede ocasionar dar la salida por las calles de Cuenca. Ya en carrera, el ritmo fue elevado en todo momento. La carretera ancha así lo permitía. Muchos intentos de fuga que no cuajan porque, como he dicho, conseguir abrir hueco cuando la velocidad del gran grupo es tan alta se hace realmente complicado.

     Viendo el gráfico de todo este inicio de carrera podemos apreciar dos cosas: 1.- la alta velocidad del grupo cubriendo estos más de 20 km a 42 km/h. 2.- mi intento de cuidar mis energías rodando en un principio a cola de grupo y poco a poco avanzando posiciones, pero siempre escondido. 219 w y 140 puls/min.

     A partir de aquí, km 20 aproximadamente, la carrera cambió radicalmente. Tanto en referencia al terreno por el que transcurría la misma como a la actitud del pelotón. El terreno pasó de ser "llevadero" a afrontar el primer puerto puntuable de la jornada, El Collado o Las Majadas en Strava, un "primera" de más de 11 km al 4% con alguna rampa en torno al 11%. La actitud del pelotón pasó de los continuos ataques a ser controlado por el equipo Orquin, que desde abajo decidió coger las riendas e imprimir un fuerte ritmo en favor de sus líderes, intentando minar las energías de todos los rivales y reducir el grupo al máximo.

     Y vaya si lo consiguieron. Poco a poco el grupo se fue desgranando, perdiendo unidades de una manera incesante. Y todo sin ataques, sino imponiendo un fuerte ritmo desde abajo. Martillo pilón.

     Desde mi posición pude comprobar siempre el daño que este equipo estaba haciendo a la carrera. Debido a mi peso, para mí es mejor alcanzar un ritmo elevado y ser constante en él, evitando los cambios de ritmo que me asfixian y me hacen mucho daño. Por eso mi ascensión fue en todo momento controlada, de atrás a adelante, pero siempre formando parte del primer grupo de carrera. Esto me llevó a tener que adelantar rápidamente a muchos corredores que se iban cortando por delante para no perder comba. A continuación dejo los datos de mi rendimiento en este primer puerto.

     Fueron 25 minutos a 338 w, 4,3 w/kg y una frecuencia cardiaca de 178 puls/min. Interesantes. También destacar la velocidad de subida, casi 27 km/h, lo que demuestra el elevado ritmo desde el inicio al final. ¿Mis sensaciones? Buenísimas. Sin ningún momento de crisis, sin hacer la goma, con confianza.

     A poco de acabar este primer puerto, un corredor M40 del Orquin arrancó cuando en el grupo sólo quedábamos unos 20 corredores. Consiguió de esta manera escaparse solo y aguantar muchos kilómetros por delante, poniendo en jaque a los demás equipos en una situación un tanto curiosa que más adelante comentaré. Estos 20 ciclistas supervivientes de la primera ascensión seríamos los protagonistas de la carrera, ya que no volverían a entrar más corredores en el resto de la prueba. Aún quedaban por delante 2/3 de la misma.

     Los siguientes kilómetros transcurrían por el Parque Natural de la Serranía de Cuenca. Esto significaba carretera estrecha, sube y baja constante, curvas encadenadas, tierrecilla en el asfalto, algunas piñas, ramas, raíces, baches... Junto a los continuos ataques que en el pequeño grupo cabecero se producían, obligaba a estar en constante atención para correr de manera segura y sin perder la cara a la carrera. Era también obligado la hidratación y alimentación en este punto para cargar las pilas después del desgaste que supuso el primer puerto y antes del siguiente, Peña del Acebo (o Subida Barranco del Infierno en Strava), un "tercera" de casi 5 km al 3% que se coronaba en el km 50 de carrera.

     Como apreciamos en la imagen anterior, esta subida se caracterizó porque, a diferencia de la primera ascensión, se subió "a palos" por parte de muchos corredores. Incluso yo ataqué a falta de un poco más de 1 km para coronar lo que me permitió pasar en segunda posición por el premio de la montaña, sólo por detrás del corredor que se mantenía en fuga. Mis datos de este segundo puerto son 9 minutos de esfuerzo promediando 342 w, 4,38 w/kg y 174 puls/min. Las sensaciones seguían siendo buenísimas, ya que, para mí, ser capaz de puntuar en un puerto no siempre es tarea fácil. Es más, en toda mi carrera deportiva se podrán contar con los dedos de las manos las veces que he cogido puntos de la montaña... Todo esto me estaba dando una confianza tremenda para afrontar los kilómetros que quedaban de carrera, que eran la mitad.

     A partir de aquí se inicia un largo y rápido descenso que me hace disfrutar mucho, aunque siempre con la tensión que requieren estas acciones. En mi zona habitual de entrenamiento y en las carreras que llevamos hasta la fecha no he tenido la ocasión de realizar una bajada rápida. ¿A qué ciclista no le gusta la velocidad? Después, la carrera transcurría por una buena y ancha carretera paralela al río Júcar (¡vaya paisajes!). Muchos ataques, grupitos que se formaban por delante y que duraban poco tiempo en esta situación por el trabajo de los demás corredores detrás (recuerdo que el grupo seguía siendo de unos 20 corredores. Puede que alguno más si tenemos en cuenta a los máster 50 y 60 que habíamos cogido por el camino). Los kilómetros pasaban con rapidez en esta zona, por lo que en nada estábamos afrontando la tercera y última subida del día, Puntal de las Palomas, parecido al anterior, casi 5 km al 4% en carretera ancha. 

     El grupo sube rápido, con pocos ataques. Por mi parte, siendo consciente de que he puntuado en el puerto anterior (sinceramente, en carrera no sabía que el corredor del Orquin seguía por delante y pensé que fui primero en la segunda subida) decido probar al final para intentar volver a coger puntos. Nadie sale a por mí, lo que muestra mi error en carrera, creyendo que fui primero en los dos puertos cuando no era así... Cosas que pasan.

     Aquí podemos ver mis datos de esta subida y la arrancada final:

     Rapidísimo descenso por buena carretera que nos permite promediar velocidades muy altas y ya en el llano que nos llevaría hacia Cuenca, que coincide con los primeros kilómetros de la carrera, donde varios equipos son los que se ponen a trabajar en busca de capturar al escapado (aquí es donde pregunto a un rival que rodaba junto a mí y él me informa sobre la situación de carrera: el Orquin que lleva escapado muchos kilómetros junto con algunos máster 50 que se han unido a él cuando iniciaron su carrera, la cuál siempre es más corta que la que hacemos los M30 y M40). Esta es la situación extraña a la que hacía referencia antes. Sin ser conocedor del reglamento al detalle (lo he buscado sin éxito en la web de la RFEC y alguna más), siempre se ha dado la salida de las categorías M50 y M60 al paso del pelotón o del primer grupo numeroso que circule en carrera que en esta ocasión era nuestro grupo. Pero esta vez se les dio la salida al paso del primer corredor escapado por lo que los corredores más fuertes de esas categorías fueron capaces de engancharse a él y rodar juntos hasta el mismísimo final, sin que nosotros, que rodábamos aproximadamente 1 minuto por detrás, los viéramos en toda la etapa, únicamente cuando les dimos alcance a unos 5 km de la meta. Si este rodar juntos (hablo en condicional porque no lo sé) hizo que entraran al relevo en esta zona rápida y favorable, claramente el corredor escapado salió beneficiado, teniendo una colaboración con la que no contaba al realizar su ataque.

     El trabajo de algunos corredores de los equipos AC Hoteles o GranjaRinya Flower tuvo sus frutos y a falta de más o menos 5 km para la finalización dieron alcance al grupo del fugado más los M50 y 60. Todos estos kilómetros desde el último puerto los hice a rueda, en las últimas posiciones del grupo, guardando, comiendo barritas Extreme Bar y bebiendo geles Extreme Fluid Gel (mete el código mariovillasevil y consigue descuentos) y viendo las opciones en la disputa del sprint.

     En la aproximación a las calles de Cuenca, como es normal, la tensión va en aumento. Todos queremos una buena posición para el sprint, la velocidad es muy alta. Consigo mantenerme en las primeras posiciones del grupo. Conozco la meta de haber calentado por ella en la previa de la carrera y sé lo que tengo que hacer: intentar entrar entre los 3 primeros en la curva de 90º que hay hacia la izquierda a 200 m de la línea de meta, los cuales son en subida con un 6,2% de pendiente.

     A unos 300 m de la meta se produce el movimiento perfecto para mis aspiraciones. El líder de la Copa de España acelera el ritmo por la derecha del grupo para tomar en primera posición la mencionada curva. A su rueda un compañero suyo, a la postre el ganador, y yo en tercera posición. En la gráfica de potencia se pueden apreciar las aceleraciones para conseguir entrar en la curva bien colocado. Como decía, para mí era la posición perfecta ya que la meta en subida se podía hacer larga y prefería no iniciar el sprint en primera posición. Pero en la misma trazada de la curva, a 36 km/h y con el corazón bombeando como un loco a 190 puls/min, mi rueda trasera pierde tracción, desliza y me hace caer contra el bordillo de la acera derecha. No sé si la presión de neumáticos era un poco más elevada, si el asfalto liso del paso de los coches afectó, si toqué un poco el freno o empecé a pedalear antes de la cuenta (estás últimas opciones casi las descarto al 100%), pero el caso es que me di de costado contra la dura carretera, provocándome las consecuentes quemaduras en brazo y cadera, un fuerte golpe en el glúteo y un enfado superlativo por ver que mis opciones de victoria se perdían ahí mismo.

     Pido perdón a todos aquellos que por mi culpa vieron afectados sus sprints o que se fueron al suelo en esa misma acción. Yo no toqué a nadie, pero a esa velocidad en curva los que vienen detrás tienen difícil escapatoria.

     Con una resignación enorme, cabreado y haciendo un gran esfuerzo, me subí a la bici para terminar lo que había empezado. Acabar la carrera es algo importante para los que competimos y aunque me dolía muchísimo, pude terminar como último del grupo en el que rodaba, ya que el siguiente pelotón venía con mucho retraso.

     Agradezco la ayuda del personal de organización para sacarme de la trazada de la curva y no poner en peligro a otros corredores, al médico por atenderme nada más llegar a meta, a los asistentes en la llegada por ese aplauso, a los compañeros ciclistas por interesarse por mí, a mis amigos Ali y Edu por echarme una mano en todo antes y, sobre todo, después de la competición y a mi mujer, Laura, por todos los cuidados que desde entonces y aun en estos días pasados estás haciendo.

     Gracias a Garmin y a su conexión con Strava podemos llevar acabo el análisis de todos estos y muchos más datos de nuestras actividades. A continuación dejo mis datos generales de la carrera en Cuenca:

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Mario

Un apasionado del deporte que ha dedicado toda su vida al ciclismo. Ahora quiero compartir mi experiencia y mis conocimientos para ayudarte a mejorar tu calidad de vida y conseguir los objetivos deportivos que te propongas.

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